¿Qué mujeres está excluyendo la filantropía?

Este artículo escrito por Dana Preston y Sienna Baskin fue publicado originalmente por la revista Alliance el 5 de marzo de 2018. Puedes encontrar el artículo aquí. Para más cobertura sobre filantropía e inversión social, por favor visita www.alliancemagazine.org

Imagínate: es después de la una de la tarde en Tailandia, mientras caminas por Chiang Mai buscando un lugar para tomarte una cerveza con el calor que va disminuyendo, te topas con un pequeño bar muy peculiar. Aquí no explotan al staff, lxs gerentes no le pagan menos ni acosan sexualmente a lxs meserxs; los horarios de trabajo no se extienden más tiempo del acordado.

Si estás en el negocio de promover prácticas laborales justas, como lo estamos la mayoría que nos dedicamos a la filantropía, seguramente te preguntas: en una industria donde abundan las violaciones de los derechos laborales, ¿Cómo este bar logra ser la excepción?

Pregúntale a tu meserx y descubrirás esto: el bar fue fundado y es propiedad de un grupo de mujeres de una organización no lucrativa tailandesa que organiza a lXs trabajadores de la industria para que exijan sus derechos. El negocio se basa en los principios de respeto, condiciones de trabajo justas y buenos salarios.

Y las mujeres que son dueñas del bar, lo administran y trabajan ahí, todas, son trabajadoras sexuales.

Ahora date cuenta de tu reacción. ¿Estás sorprendidx? ¿Consternadx? ¿Incómodx? ¿Intrigadx?

Como seguramente lo imaginabas, esto no fue sólo un ejercicio mental. El bar Can Do es un bar real fundado por un grupo de trabajadoras sexuales de la Fundación Empower, el modelo exacto de organización no lucrativa que cualquier financiadora interesada en derechos humanos, de la mujer y en empresas sociales, normalmente apoyaría de inmediato. Excepto que, lo administran trabajadoras sexuales.

Las trabajadoras sexuales han enfrentado exclusión extrema por parte de todos los grupos y organizaciones defensoras de los derechos humanos, especialmente en los Estados Unidos. Aunque se encuentran en medio de los movimientos a favor de los derechos de las mujeres, de la comunidad LGBTTTIQ, de la reforma de la justicia penal, y del acceso a un salario digno, las trabajadoras sexuales activistas han sido excluidas de todos estos movimientos, especialmente en los Estados Unidos.

Debido al profundo estigma cultural en contra de aquellas que venden sexo, ellas han recibido muy poca solidaridad incluso de compañeras activistas feministas.

La filantropía ha jugado un papel importante en la lucha por la equidad de género al financiar organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres como motores de cambio social. Pero también, ha perpetuado la exclusión de las mujeres marginadas y se ha visto especialmente reacia a involucrarse en los movimientos a favor de los derechos de las trabajadoras sexuales.

Como patrocinadores y defensores de los derechos humanos, debemos analizarnos a nosotrxs mismxs. Cuando se trata de derechos humanos no podemos elegir y seleccionar qué grupos de individuos merecen tener derechos humanos; son universales e inalienables. Incluso si nos sentimos incómodxs con el trabajo sexual, debemos defender los derechos humanos de las trabajadoras sexuales.

La Fundación Empower fue una de las doce organizaciones no lucrativas dirigidas por trabajadoras sexuales que Hispanics in Philanthropy (HIP) y Neo Philanthropy conocieron hace poco en un evento de financiadoras y activistas en Bangkok, en el cual se discutió las contribuciones de las trabajadoras sexuales en el avance de los diversos derechos humanos básicos alrededor del mundo.

Aquellos que pertenecemos a la comunidad de financiadores, se nos pidió confrontar nuestros propios prejuicios acerca del trabajo sexual y pensar nuevas y emocionantes formas sobre cómo incluir su gestión en nuestro trabajo a favor de los derechos humanos.

Una idea radical: derechos de la mujer para todas las mujeres

El trabajo sexual ha sido una forma importante de ganarse la vida para las mujeres y hombres a lo largo de la historia. Y durante la mayor parte de esa historia, también ha sido profundamente estigmatizado.

Actualmente, el Día Internacional de la Mujer es una oportunidad importante para tomar en cuenta los grandes logros que han tenido las mujeres y para analizar fríamente los obstáculos que frenan la equidad entre los individuos de todos los géneros.

Este año, los movimientos #MeToo (#YoTambién) y #TimesUp (#SeAcabóelTiempo) son sin lugar a dudas, grandes logros respecto a los derechos de las mujeres a nivel mundial, pero – como muchos lo han hecho notar – no han sido inclusivos para inmigrantes, mujeres de color, de bajos ingresos, entre otros.

Asimismo, el movimiento estadounidense a favor de los derechos de las mujeres ha dejado fuera a mujeres marginadas: negras, latinas, homosexuales, discapacitadas, migrantes y transgénero, entre otras. Desde el movimiento sufragista ocurrido a principios del siglo XX hasta la Marcha de las Mujeres de enero de 2017, el movimiento ha sido desafiado para tomar más acción intencional y reconocer e incluir el liderazgo de las mujeres marginadas a lo largo de la historia.

Sin embargo, las trabajadoras sexuales comparten muchos de los mismos retos y quieren muchas de las mismas cosas que el resto: acceso a una vida segura y saludable, con la autonomía de poder tomar decisiones sobre su cuerpo y su futuro. Y, a pesar de su exclusión, las trabajadoras sexuales se han organizado para exigir su derecho a ser reconocidas como seres humanos, libres de violencia, represión policiaca y discriminación.

¿En dónde encaja la filantropía?

De acuerdo a la Red de Financiamiento para los Derechos Humanos (Human Rights Funding Network), el financiamiento para la defensa de los derechos humanos está creciendo, así como la organización comunitaria como estrategia para obtener derechos humanos.

Sin embargo, menos del uno por ciento de los dólares destinados a los derechos humanos a nivel mundial fueron utilizados para la gestión de lxs trabajadorxs sexuales entre 2011 y 2015. Encima de eso, los donativos tienden a ser pequeñas – comúnmente de menos de 12,000 dólares de acuerdo con el Fondo Red Umbrella, el primer fondo internacional que destina exclusivamente los recursos a organizaciones dirigidas por trabajadorxs sexuales.

Pero hay unas señales de cambio. En el reciente evento en Bangkok, La Alianza Global en contra del Tráfico de Mujeres compartió su reciente y revolucionaria investigación sobre cómo lxs trabajadorxs sexuales utilizan la organización comunitaria para atacar la trata de personas y otras violaciones de los derechos humanos alrededor del mundo. Utilizó este escenario para que las financiadoras tengan conversaciones honestas sobre el estigma, discriminación y la violencia que enfrentan lxs trabajadorxs sexuales.

También escuchamos, por parte de las mismas trabajadoras sexuales, cómo la filantropía puede ser parte de la solución:

  • Apoyando la despenalización del trabajo sexual para obtener condiciones de trabajo más seguras y justas
  • Encasillando al trabajo sexual como una problemática laboral y luchando a favor del reconocimiento formal del trabajo sexual como un trabajo, lleno de derechos y garantías
  • Creando espacios para lxs trabajadorxs sexuales donde puedan hablar por sí mismas para que otros entiendan su realidad y necesidades reconociendo su humanidad
  • Aumentando la cantidad y la calidad del financiamiento para que lxs trabajadorxs sexuales puedan organizarse por sí mismxs

La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales se encuentra en la intersección del racismo, clasismo, misoginia, xenofobia y transfobia. Así que, apoyando los derechos de las trabajadoras sexuales, realmente estamos abordando un sinnúmero de problemáticas de la agenda de los derechos humanos.

Al llevar los derechos de las trabajadoras sexuales al flujo principal del movimiento de los derechos de las mujeres, podemos construir coherencia y solidaridad para defender los derechos de TODAS las mujeres.

Y al aumentar y mejorar la calidad de los fondos para que las trabajadoras sexuales se organicen, la filantropía puede ser un aliado importante para TODOS los derechos de las mujeres.

Dana Preston es la Gerente General del Programa de Iniciativas especializadas en Género de la organización Hispanics in Philanthropy y Sienna Baskin es la Directora del Fondo en Contra de la Trata de Personas, un proyecto de la Fundación Oak, que se lleva a cabo en Neo Philanthropy.

 

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